UN EJEMPLO DE PERSEVERANCIA
20/9/2009



En una vieja bicicleta que su papá compró hace más de 15 años, Antonio Rivera Ávila recorre, todas las tardes, más de 10 kilómetros en seis barrios de Piedecuesta (Santander) para vender unos helados con los que se financia sus estudios de comercio exterior, en la Universitaria de Investigación y Desarrollo (UDI).

Tras recibir la bendición de su mamá, Isabel Ávila, el universitario, de 18 años, sale de su casa situada en el barrio Primavera II, de estrato uno, en su cicla a ofrecer los conos, que cuestan entre 500 y 1.000 pesos.

En sus extensos recorridos diarios, Antonio mezcla su trabajo con el repaso de la teoría de comercio exterior, matemáticas II, álgebra lineal y contabilidad, materias que ve en el segundo semestre de su carrera, junto a 30 compañeros más.

"Desde que estaba en bachillerato sabía que mis papás no tenían el dinero suficiente para pagarme la universidad, y menos si era privada. Accedí a un préstamo en una corporación que me financió el pago de 1.396.000 pesos que me cuesta el semestre", cuenta.

Debe vender, diariamente, en promedio, 25 helados para pagar los 320.000 pesos mensuales del crédito.

Un pilo muy cerca de una beca


Su mamá, que es su hincha número uno, dice que ella, con su trabajo de modista, le ayuda con parte del dinero para cumplirle a la corporación, que le presta, cada semestre, lo que cuesta la matrícula.


"Él nunca me dice mamá, deme plata. Llega de la universidad, almuerza y todas las tardes sale a hacer su recorrido. En verdad es un ángel", aseguró la mujer, madre de dos hijos más, de 7 y 9 años.

Pero, a diferencia de otros estudiantes que trabajan, a Antonio es además uno de los más pilos de su carrera. Con un promedio de 4,22 el vendedor de helados aspira a llegar al 4,6 que le asegure una beca en la universidad.

"Vamos de a poco llegando a esa, que es otra meta", precisa Antonio.

Érika Yaneth Carvajal, jefa de la escuela de Comercio Exterior e Ingeniería Industrial de la UDI, dice que Antonio es un ejemplo para los demás estudiantes y asegura que no existe ningún tipo de preferencia por el muchacho, que es el alumno más reconocido de la universidad.

El Heladero, como algunos le dicen cariñosamente, no dudó un instante en contarles, orgulloso, a sus compañeros sobre su oficio.
Andrea Carolina Delgado y Manuel Cárdenas, compañeros de Antonio, y que también trabajan, manifestaron que en el salón hay que estar muy cerca de su amigo porque "es el más pepa y entiende todo muy rápido y fácil".

Antonio, que trabaja con su papá para diversificar los sabores de los helados, aseguró que su próximo objetivo es montar una comercializadora de abonos y productos para plantas.
"La idea es que la misma tierra por la que he pedaleado durante seis años también me ayude a surgir".